Los Programas de

Desayunos Escolares


Su impacto en el rendimiento académico


    En los últimos años el Estado, a través del Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (Pronaa) y el Fondo de Compensación y Desarrollo Social (Foncodes), ha proporcionado a escala nacional desayunos escolares a estudiantes de centros educativos de nivel inicial y de primaria. En 1999 fueron atendidos cerca de tres millones de estudiantes(1). El objetivo general de estos programas es combatir la desnutrición y de esa manera ayudar a mejorar el rendimiento escolar. En el presente artículo se discute el impacto de los programas de desayunos escolares en países en vías de desarrollo. Luego, se describe una evaluación de impacto de un programa de desayunos escolares desarrollada por investigadores de GRADE en el Perú, para finalmente llegar a algunas conclusiones y recomendaciones respecto de la implementación de estos programas.

Impacto del consumo del desayuno
en el rendimiento escolar

    Según estudios realizados en el Perú y en otros países, el consumo del desayuno (en casa y/o en la escuela) podría tener impacto en el rendimiento escolar a través de una o más de las siguientes rutas:


FIGURA 1
Modelo teórico sobre la relación entre el consumo del desayuno y el
rendimiento escolar

La ruta 1 indica que el programa de desayunos escolares podría incrementar los niveles de energía cerebral a corto plazo y, por tanto, aumentar la atención y concentración de estudiantes de zonas pobres. Estudios realizados en Jamaica y Perú(2) sugieren que los efectos negativos del ayuno a corto plazo se dan solamente en niños en riesgo nutricional (definido como bajo peso y talla, de acuerdo con estándares internacionales). Así, niños que tenían bajo peso y talla obtuvieron peores puntajes en pruebas de procesamiento de información (por ejemplo, memoria a corto plazo y discriminación visual) cuando no tomaron desayunos y mejores cuando los consumieron. La importancia de estos resultados es que tanto la memoria a corto plazo como la discriminación visual son procesos cognitivos necesarios para el aprendizaje.

La ruta 2 indica que el consumo de un desayuno de alto contenido nutritivo podría ayudar a largo plazo a mejorar el estado nutricional y, eventualmente, de salud de los niños, más allá de proveer de energía a corto plazo. Por ejemplo, los desayunos escolares suelen proporcionar al menos un tercio de los requerimientos nutricionales diarios de los estudiantes, y en el caso de minerales como el hierro, éstos proporcionan el 100% de los requerimientos diarios. Cabe resaltar que, según varios estudios, se ha determinado la existencia de una relación entre la anemia por deficiencia de hierro y el desarrollo intelectual(3). Por ejemplo, en el Perú, estudios revelan que los desayunos escolares incrementan el consumo de energía, proteína y hierro en estudiantes de zonas rurales.

    Sin embargo, los programas de desayunos escolares muy probablemente no tienen efecto en la talla de los estudiantes(4) porque estos se inician cuando el niño tiene 5 o 6 años de edad. Para tener efectos en talla, la intervención nutricional tendría que darse a una edad más temprana.

La ruta 3 indica que los programas de desayunos escolares mejoran la asistencia a la escuela en zonas de alta pobreza, relación que se ha encontrado, por ejemplo, en Perú y Jamaica. La mejora en asistencia podría deberse a factores económicos, al lograr la familia ahorrar una merienda; esto resultaria en un incremento de las horas de aprendizaje y, por tanto, en mejoras en el rendimiento. Otra explicación complementaria a la anterior es que el comsumo diario de desayuno escolar mejoraría el estado nutricional de los estudiantes y reduciría las ausencias por enfermedades (ruta 2), lo cual elevaría la capacidad de aprendizaje activo. De ahí que en el gráfico 1 las rutas 2 y 3 estén unidas con una sola línea, lo cual refleja un efecto combinado nutricional y económico.

    Si el consumo del desayuno, ya sea en el hogar o en la escuela, logra incidir positivamente en variables vinculadas a una o más de las anteriores rutas, se estaría fortaleciendo la capacidad de aprendizaje activo o educabilidad del estudiante. En otras palabras, el estudiante estaría mejor preparado para aprender, (la capacidad de aprendizaje activo también puede estar influenciada por factores sociales, familiares y de antecedentes educacionales del estudiante, y no sólo por factores nutricionales y de salud). Además, para que la capacidad de aprendizaje activo se refleje en un mejor rendimiento escolar es necesario que la escuela proporcione oportuna y reiteradamente estímulos de aprendizaje, es decir que sea una escuela efectiva. Por ejemplo, en un estudio realizado en Jamaica se encontró que el programa de desayunos escolares tenía un efecto positivo solamente en las escuelas que contaban con mejor infraestructura y ambientes más ordenados en el ámbito pedagógico.

Evaluación de un programa de desayunos escolares
en Cuzco y Apurímac

    En 1998, investigadores de GRADE recobieron el encargo de evaluar el impacto educacional del programa de desayunos escolares que funcionaba en los departamentos de Ayacucho, Apurímac y Huancavelica(5). El objetivo de la evaluación era recoger información y discutir el impacto del programa de desayunos escolares, y además proporcionar información para mejorar la eficacia del mismo.

    El diseño de evaluación utilizado incluyó la selección de centros educativos en una zona beneficiada por el programa mencionado (en la provincia de Andahuaylas en Apurímac) y centros en una zona vecina que no recibían el programa (en las provincias de Anta y Paruro en Cuzco). Las escuelas del grupo experimental habían recibido el desayuno escolar durante cuatro años, mientras que las del grupo de control no habían contado con este programa ningún año.

    Al no contarse con mediciones previas al inicio del programa de desayunos acerca de las poblaciones a ser evaluadas, se verificó antes de seleccionar los centros educativos, que los datos socioeconómicos de las provincias y el tipo de escuelas seleccionados fueran similares entre un grupo y otro(6). El análisis estadístico incluyó variables individuales: sexo y edad de los estudiantes; variables socioeconómicas: tamaño de la familia, lengua hablada en casa y educación de la madre; y variables de la escuela: tipo de centro educativo (polidocente completo o multigrado).


    En total se recogieron datos de 590 estudiantes de cuarto grado de primaria de 20 centros educativos. Estos pueblos se encuentran en provincias "pobres" de acuerdo con el Mapa de la Inversión Social de Foncodes (1994), y se trata de zonas mayoritariamente rurales de habla quechua.

    Una de las primeras constataciones del estudio es que a menudo el desayuno no se sirve antes de empezar las clases, sino durante el primer recreo (entre las 10 y las 11 de la mañana). En grupos focales realizados para la evaluación se encontró que los padres no están dispuestos a enviar a sus hijos a la escuela, sin antes haber tomados sus alimentos, ya que deben caminar largos trechos para llegar. Además, en zonas rurales es común que las clases se cancelen sin previo aviso, y, por ello, muchos padres se aseguran de dar la primera merienda del día a sus hijos en casa.

    Las variables que se estudiaron fueron las que se derivaban de cada una de las rutas mencionadas en la Figura 1. En cuanto a la ruta 1, referida al aumento de niveles de energía cerebral, en el estudio se evaluó la respuesta de una prueba de memoria a corto plazo y discriminación visual(7) tomada inmediatamente después de consumir el desayuno, en Apurímac, o después del recreo sin desayuno en Cuzco (en ambos casos aproximadamente a las 11:00 a.m.). Se encontró un efecto positivo para los que habían consumido el desayuno sólo en la prueba de memoria.

    En cuanto a la ruta 2, que señala que el desayuno escolar mejora el estado nutricional de los estudiantes, se encontró que aquellos que habían consumido el desayuno tenían niveles de hemoglobina significativamente por encima de los que no habían consumido. Este efecto se notó tanto en hombres como en mujeres (ver Figura 2). Este último es un resultado importante, pues la hemoglobina es uno de los indicadores de las reservas de hierro, que a su vez es un nutriente asociado a un mejor rendimiento escolar y desarrollo intelectual. Sin embargo, no se encontró un efecto positivo del desayuno en la talla o peso(8) de los estudiantes.

    Con relación a la ruta 3, en el presente estudio se encontró una mejor asistencia en las escuelas que consumían el desayuno escolar. Este es un resultado que confirma otros, y que podría considerarse bastante bien establecido en la literatura.


FIGURA 2

    En segundo lugar, se analizó el efecto del desayuno en la matrícula y deserción en estas escuelas. Para ello, se tomó como referencia a la tasa de matrícula y deserción de 1995 en ambos grupos, cuando no había empezado el programa de desayunos (ver Figura 3). La variación de cada año se convirtió en una tasa respecto de este número origina. Como se puede apreciar en la Figura 3, la tasa de matrícula se mantuvo relativamente estable en ambos grupos, y, por lo tanto, parece no tener relación con el programa de desayunos escolares. Sin embargo, la tasa de deserción disminuyó en el grupo experimental a partir de 1996, año en que empezó el programa de desayunos escolares. Sin duda, este es el resultado novedoso y alentador para el futuro del programa, que debería ser confirmado en un número mayor de escuelas.


FIGURA 3

    Finalmente, se evaluó el impacto del programa en el rendimiento escolar, mediante pruebas estandarizadas de aritmética, de vocabulario y de compresión de lectura. Los resultados no mostraron efectos significativos a favor de los estudiantes que habían consumido el desayuno escolar. En otras palabras, a pesar de mostrar mayor capacidad de aprendizaje activo, en promedio los niños y niñas que consumieron el desayuno escolar no rindieron mejor que los del grupo control.

    Existen dos posibles explicaciones para lo anterior. La primera es que, al recibir desayunos, las escuelas del grupo experimental estarían reteniendo a estudiantes de estratos económicos más pobres, que de no recibir los desayunos ya que hubieran desertado de la escuela (esto se mostró en la Figura 3). Por lo tanto, la mayor presencia de alumnos pobres en las escuelas con desayunos, estaría bajando el promedio de este grupo en las pruebas (sus pares en las escuelas control habrían abandonado y por eso el puntaje en estas escuelas sería mayor). Este promedio más bajo del grupo experimental sería entonces engañoso porque esconde un efecto positivo muy importante del programa, que es reducir la tasa de deserción escolar.

    Una segunda explicación al bajo rendimiento escolar de los estudiantes del grupo experimental está referida a la calidad o eficacia de los centros educativos, que debería ser similar para el grupo experimental y el de control. Para lograr una aproximación a este tema, se tomaron datos del tiempo que pasaban los estudiantes en el aula con sus docentes diariamente. La Figura 4 muestra que en el periodo 1, cuando el grupo experimental consumía el desayuno y el de control no, el tiempo diario que pasaban los estudiantes con sus docentes era menos en el grupo experimental. Esto se debía a tiempo dedicado a preparar, servir, y consumir el desayuno en el grupo experimental. Lo interesante es que en el periodo 2, en el que el grupo control empezó a recibir desayunos escolares, el tiempo que pasaban los estudiantes en el aula disminuyó mientras que el tiempo del grupo experimental se mantuvo. En otras palabras, se cuenta con evidencia sólida que la preparación y consumo del desayuno se habría hecho a costa de tiempo de aprendizaje de los estudiantes. Hay numerosos estudios que muestran que el tiempo de aprendizaje en el aula en zonas pobres en el Perú es reducido, aún sin considerar el efecto de la introducción de programas de desayunos escolares o cualquier otro. En la Figura 4 se ha señalado el tiempo ideal de clases, que corresponde a 4 horas y media diarias. Esta cifra proviene del horario que fue reportado por las mismas escuelas (excluyendo recreos). Los promedios reportados corresponden sólo a los días en que hubo clases; como se dijo anteriormente, las clases son canceladas a menudo en zonas rurales por muchas razones.


FIGURA 4

    Este tipo de efecto es lo que se conoce en la literatura como efecto negativo no anticipado. Los encargados del programa tomaron provisiones, a partir de los anteriores datos, para que en lo sucesivo el tiempo de aprendizaje en el aula no se viera reducido como consecuencia de la implementación del programa de desayunos escolares.

    En conclusión, los programas de desayunos escolares en el Perú deberían focalizarse en poblaciones con mayor riesgo nutricional, dado que estudios previos sugieren que es este grupo el que más, o tal vez el único, que se beneficia de dichos programas. En tal sentido, el último Censo de Talla, realizado por el Ministerio de Educación en 1999, identifica los centros educativos en donde se debería priorizar la implementación y el seguimiento del programa.


    Por otro lado, los programas de desayunos escolares tienen un gran potencial para mejorar la capacidad de aprendizaje activo o educabilidad de los estos estudiantes; específicamente, se han encontrado efectos positivos de programas de desayunos en el Perú en cuanto al estado nutricional, memoria a corto plazo y asistencia a la escuela; asimismo, se ha observado que el programa reduce la tasa de deserción escolar en zonas rurales pobres. Sin embargo, es importante controlar posibles efectos negativos no anticipados del programa, como por ejemplo la reducción del tiempo de aprendizaje de los estudiantes. De ahí la importancia de contar con un eficiente sistema de evaluación y monitoreo del programa. (Santiago Cueto)